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Cómo elegir un libro sin perder los papeles

Se acerca Sant Jordi y ya estoy pensando en darme una vuelta por las librerías y pasar un buen rato eligiendo un libro para alguien especial. No será fácil, porque hay mucha variedad, pero en este artículo te explico mi secreto para acertar…Se acerca Sant Jordi y ya estoy pensando en darme una vuelta por las librerías y pasar un buen rato eligiendo un libro para alguien especial.

Para mi hay cuatro maneras para escoger un libro, supongo que para la mayoría de la gente sólo hay tres. La primera es buscar por autor, de entrada podría ser una buena opción, aunque debería tener la certeza de que el autor le gusta a esa persona tan especial o que no lo tiene ya. También puedo elegir por género; un bestseller, un libro de aventuras o una obra clásica, un dramón, una novela de terror… demasiado típico, ¿no?… no me convence, me gusta ser más original. Pongo en marcha la tercera opción: leer en un momento las sinopsis o las reseñas que se publican en la contraportada: “¡una obra maestra!”, “la sorpresa literaria del año”, “¡genial!”, “¡deslumbrante!”… En realidad no es un momento, es un laaaaaaaaaaargo espacio de tiempo y ya empiezan a dolerme las piernas… demasiada información, demasiadas tramas… ¡estoy entramada hasta la médula!.

Ha llegado la hora de la cuarta opción, la que me funciona, ¡la definitiva!

Tal vez soy una persona algo rarita, lo reconozco, pero lo mío es llegar a la librería, y ESCANEAR. Debería haber empezado por ahí, barrido va, barrido viene, de izquierda a derecha, derecha a izquierda, en diagonal, de abajo arriba, de arriba abajo y ¡venga! una y otra vez, hasta que después de tanto impacto visual, en un rinconcito de la estantería veo algo que brilla, que me llama la atención y me dice ¡¡cógeme, cógeme!!,… definitivamente, ¡creo que lo tengo! ¡aleluya!. He encontrado una edición, rara… como yo misma.

¡Qué momentazo!, ¡qué satisfacción!, lo he conseguido: Algo especial para alguien especial. Pero, a ver si se ajusta a la expectativa, que soy muy tiquis miquis…

En primer lugar analizo la portada: me gustan los diseños diferentes, que llamen la atención por tener un planteamiento gráfico, con una combinación de colores equilibrada, y si tiene una buena ilustración mucho mejor. Después cierro los ojos, lo acaricio y percibo su tacto, una portada plastificada, mate si puede ser, o un papel artístico, que cuando le pasas los dedos por encima sientes su textura, esa rugosidad, esas perfectas imperfecciones de fábrica, buena señal, tengo entre manos un libro de calidad, seguro que le va a encantar.

El formato, si puede ser original mucho mejor, que sea diferente, redondo, troquelado, en forma de flor, apaisado, grandote o diminuto, es igual… que sea único, que pueda guardarlo en ese lugar concreto donde cada vez que pase por delante no tenga más remedio que acordarse de mi. 🙂

Llega el momento de abrirlo. Lo vuelvo a palpar. Lo huelo. Aspiro ese aroma embriagador de papel y tinta. Me fijo en el tipo de letra, que sea una tipografía legible, de palo o romana, que sea agradable, con un tamaño no demasiado pequeño. Que facilite una lectura fluida y los bloques de texto “respiren”, con buenos márgenes… evidentemente, con ilustraciones, faltaría más, este aspecto aún lo hace más diferente, un libro ilustrado para este día debe ser un acierto ¡seguro!. Grandes ilustraciones a toda página y con colores llamativos…

No cabe duda, lo tengo, ha caído en mis manos, este es el libro que me llevo. ¡Está decidido!.

Espero que le guste, a mi me encanta, pero claro, yo soy diseñadora… rarita y un poco friki… La verdad es que me gusta tanto que hasta me cuesta dárselo a la dependienta para que lo envuelva… Oye, y siiiiii… ¿Y si me lo quedo yo?… pensándolo mejor voy a elegir otro libro para el regalo… uno de García Márquez que siempre es una apuesta segura y este año va a arrasar, el pobre…

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